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PUÑO DE HIERRO EN GUANTE DE SEDA

Melena azabache, ojos oscuros, aires de arrogancia y una sonrisa un tanto maquiavélica, aunque acogedora para algunos. Es la primera impresión que da Rocío Monasterio San Martin, candidata de Vox a la presidencia de la capital. Si bien es un cargo que por ahora le queda ancho, sabe que le es indispensable a Isabel Díaz Ayuso, quien continúa liderando los sondeos, para formar un gobierno de derechas en Madrid.

Madrileña de nacimiento, sus orígenes se remontan a Asturias por parte de madre y a Cuba por parte de padre. De este país hereda un odio ferviente por las ideas comunistas y por cualquier persona que las incarne.

Años después del estallido de la revolución cubana en 1959 y de la llegada de Fidel Castro, la compañía azucarera de su familia fue expropiada. Desesperados, se exiliaron a España, donde importaron el primer Kentucky Fried Chicken (KFC) del país. Una primera introducción al sector privado que le permitirá desarrollar su afán emprendedor años más tarde. Alardeando de su experiencia profesional alejada de las instituciones públicas, recuerda su trayectoria en la arquitectura y el diseño de interiores. Una experiencia sólida, dos empresas propias, Rocío Monasterio y Asociados y Luxury Rentals, y múltiples proyectos tan numerosos como cuestionados por haber sido, durante nueve años, firmados antes de la obtención de su licenciatura.

Saltará a la política de la mano de Vox en 2014, tras 20 años de experiencia en el sector privado y un año después que su marido, Iván Espinosa de los Monteros, con quien comparte sus ideales ultraconservadores y frecuenta grupos ultracatólicos. Antes de la política ya compartían el gremio, ahora Espinosa de los Monteros se ha convertido en un peso pesado : portavoz del partido y mano derecha de Santiago Abascal. Su trayectoria en la política es sin embargo más corta que en la arquitectura y solo ocupa dos líneas de su currículo : Presidencia de Vox en Madrid y Vicesecretaría de Asuntos Sociales. Ahora, sigilosamente pero haciendo ruido, candidata a las elecciones autonómicas.

El renombre de su marido y el peso de su apellido no le han impedido batir su propia reputación fuera y dentro del partido. Sobre su modus operandi, una desfachatez criticada por cualquier votante de izquierdas y una valentía admirada por el perfil más conservador de la derecha, o simplemente por el votante que tiene muchas cosas que decir.

De nazi a homófoba pasando por racista y facha, no le sobran las descalificaciones por parte de sus enemigos. Tampoco se le puede considerar como partidaria de la igualdad entre hombres y mujeres, un “azote del feminismo”, según los de su propio partido, que niega la violencia de género y no celebra el 8 de marzo. Entonces, ¿quién es Rocío Monasterio?. Ella misma se define en su perfil de Twitter como una “constructora de sueños y realidades”. Encarna la voz femenina de Vox, por lo que sería más adecuada una descripción a lo “puño de hierro en guante de seda”.

En política representa el personaje antagonista de cualquier película, su juego es del enfrentamiento y la dialéctica de la provocación. Para estas elecciones ha desplegado todas sus armas pervirtiendo las reglas del juego. En varias ocasiones ha repetido que se posiciona en contra del personalismo y el egocentrismo en política, en otras palabras, no le

importa quien es pero que puede ofrecer. Sin embargo, esta supuesta “amenaza para la democracia” reutiliza descaradamente los mismos argumentos en unos discursos monopolizados por los mismos dos o tres temas : protección ante el clima de inseguridad creado por los Menores Extranjeros No Acompañados (MENAS), oposición a la dialéctica izquierda-derecha y culpabilización de la política y la administración pública.

En los debates se muestra impasible, y a pesar de mensajes vacíos y escasas propuestas, ha llegado a provocar la salida de Pablo Iglesias (UP), un gesto después imitado por los candidatos del PSOE y Más Madrid, tras no rectificar las afirmaciones en las que restaba credibilidad a las amenazas de muerte recibidas por el candidato morado. Su burla sibilina y su fría sonrisa no son más que una reacción desafiante.

Con Monasterio llega una nueva forma de hacer política poniendo en primera línea el debate sobre qué se debería hacer con la extrema derecha española y si es legítimo compartir espacios con esta. Creyendo poseer la verdad absoluta, introduce en el clima político y comunicacional una estrategia argumental basada en la manipulación de datos. Siendo una de las candidatas que más mintió en el último debate de Telemadrid, el argumento de campaña más polémico gira en torno a los MENAS al comparar las pensiones con el coste mensual que paga la Comunidad de Madrid por el mantenimiento de estos menores. Todo esto apoyándose en un cálculo erróneo con el objetivo de señalizar y criminalizar públicamente al colectivo.

Queda por ver si la política del “todo vale” dará los frutos esperados en las urnas o si por el contrario, tendrá un efecto rebote y provocará una mayor movilización de la izquierda para evitar a todo costo un Ejecutivo de derechas.

 

Ana Girón Esquerdo

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