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PABLO CASADO Y LAS CARAS DEL PARTIDO POPULAR

En 1886, se publicaba una novela de Robert Louis Stevenson bajo el título de El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde. Este libro mostraba cómo una persona podía desarrollar dos o más identidades completamente opuestas entre sí, de manera que la persona con la que se hablaba de un tema podía convertirse después en otra distinta con una forma de actuación diametralmente contradictoria.

Podemos utilizar este símil para describir la situación que atraviesan el Partido Popular y su líder, Pablo Casado. Están en un buen momento, eso es innegable. Vienen de arrasar en las elecciones de Madrid y su crecimiento a nivel nacional es lo suficientemente fuerte como para convertirse en la fuerza favorita para gobernar en España tras las próximas elecciones generales. Sin embargo, detrás de todas estas cifras, hay datos que muestran la debilidad de su discurso.

El PP se está viendo en la misma situación por la que pasó el PSOE hace cinco años. Entonces, Mariano Rajoy era presidente, y los socialistas estaban más ocupados en evitar el sorpasso de Podemos que en presentar una férrea oposición. El fuerte discurso del partido morado, autocalificándose como “la verdadera izquierda”, dejó a los de Ferraz enuna crisis de la que tardaron dos años en salir, cuando Pedro Sánchez se convirtió en presidente.

En 2019, fue el turno de la derecha: la irrupción con fuerza de Vox y su discurso de “la derechita cobarde” para referirse al PP, dejó en una situación de debilidad al PP. El partido, más que tocado tras escándalos de corrupción como el de la trama Gürtel, vio que el discurso de apariencia moderada que habían exhibido durante los años de Rajoy cada vez tenía menos cabida. El tono duro que exhibió José María Aznar en su momento volvía a estar de moda.

En Génova se encontraron sin salida. Pablo Casado, su nuevo líder, eligió mantener la línea aznarista y comenzó una competición con Vox a ver quién conseguía calar más. Y entre medias, los pactos en distintas Comunidades Autónomas, que únicamente hicieron aumentar la dependencia del Partido Popular hacia el partido de extrema derecha.

La situación cambió en octubre de 2020. Vox presentó una moción de censura contra el gobierno de Pedro Sánchez, y Casado dio la sorpresa. En un discurso sorprendentemente crítico, negó su apoyo a Santiago Abascal y los suyos, abriendo el discurso a una vuelta a la moderación… que le duró bien poco.

Mientras, en Madrid, se sucedieron los acontecimientos ya conocidos por todos: convocatoria electoral, campaña agitada, victoria… Pero con un matiz importante: Isabel Díaz Ayuso jamás exhibió moderación, continuó la línea agresiva y se negó a imitar a Casado, quien, con la boca pequeña, repetía el “giro al centro” una y otra vez. Además, la presidenta madrileña, al contrario que el líder nacional, optó por propiciar el acercamiento a Vox de nuevo, poniendo en serias dificultades la coherencia del discurso popular.

Por si eso fuera poco, el liderazgo de Casado se ha vuelto a ver cuestionado en los últimos días. Ayuso desafiaba el pasado domingo al rey Felipe VI, instándole a no firmar los indultos a los políticos catalanes condenados por el procés. Unas declaraciones que únicamente se pueden interpretar como un desprecio a la Constitución, la misma que desde Génova se han empeñado en defender en todos sus principios, ignorando las funciones que corresponden al monarca (art. 62). La reacción de Casado y los sectores conservadores, desautorizando las palabras de Ayuso, añaden una contradicción más a la lista del PP.

El Partido Popular está viviendo su particular Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Dependiendo de a quién se dirija uno, recibe ideas contradictorias, con discursos moderados, pero también extremistas. Es cuestión de tiempo que una mezcla así se desborde. La falta de un liderazgo fuerte deja al PP con una ostentosa fachada, pero también con unos cimientos poco sólidos. Pablo Casado sigue sin tener un rumbo definido, y aunque en momentos determinados eso sea una ventaja, a la hora de la verdad puede tornarse decisivo.

Manuel Gualix

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