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LO SIENTO, ES IMPOSIBLE PASAR PÁGINA

Como ya es de costumbre en Catalunya, la intromisión infame por parte de los poderes judiciales en la vida política es una realidad. No quiero ser aquí muy sospechoso pero, no hace falta tener una gran capacidad de análisis para entender que si estas elecciones no se han pospuesto por los lógicos motivos sanitarios, es porque las encuestas dan por ganador al PSC.

Hace unas semanas los “socialistas”, encabezados por uno de los peores gestores de la pandemia a nivel mundial, después de una estrategia al puro estilo cloaca del Estado, se quedaron casi solos reivindicando que las elecciones se tenían que celebrar el 14F. Digo casi porque los jueces fueron sus mejores acompañantes. Con la mayoría del arco parlamentario catalán habiendo pedido el aplazamiento de los comicios, y otra vez más en contra de la voluntad democrática, no volvió a quedar lugar para la duda sobre la interferencia que vivimos en Catalunya desde la intervención y aplicación del 155.

Dado que este es el panorama inmediato, no nos queda más opción que votar. Porque sí, porque pese lo que les pese a los que quieren hacer de Catalunya un despacho en Madrid, vamos a votar: votar y votar. Y aviso, para cerrar rápido, aunque uno este insatisfecho con todo este mejunje absurdo que es la realidad catalana, hay que ir a votar. No votar es dejar espacio a que la extrema derecha racista, retrógrada y fascista de Vox saque la cabeza demasiado, y entonces tengamos que cortársela.

Pero para que esto no sea tan rudo y se pueda entender dónde nos encontramos, vamos a entrar en posiciones ideológicas, o los motivos por los cuales votar. Para empezar, voy a permitirme el lujo de dejar que los poderes reaccionarios del Estado español hablen por sí solo, de esta manera muchos podréis entender porque, y así también dejo clara mi posición, la independencia de Catalunya sigue siendo la única opción válida para poder hacer política democrática, asimismo porqué el Estado español es fundamentalmente intransformable. Antes de ello, un fuerte abrazo para Pablo Hasél que, además de perseguirle por sus canciones, se lo persigue por comunista.

En el año 2017 el TC sentenció contra un seguido de medidas que habían sido aprobadas por la mayoría del parlamento catalán, y en las que había las siguientes propuestas. Ver para creer. Ley sobre consultas populares, decreto-ley contra la pobreza energética, ley de impuestos a los inmuebles vacíos, ley de emergencia habitacional contra los desahucios, ley catalana contra el cambio climático, ley de creación de un impuesto a la producción de energía nuclear, decreto-ley de impuestos a los bancos, ley de voluntades digitales, ley de igualdad efectiva entre hombres y mujeres; sumado a un largo seguido de etcéteras que entre ellas estaba la ley del referéndum y la ley de transitoriedad hacia la independencia, con la consiguiente redacción de una nueva constitución que emergería del debate constituyente que el conjunto de la sociedad catalana podría construir y también enmendar. Como terminó todo es sabido. Pero aún así, creo que de algo más ya se habrán dado cuenta.

Durante los tres, largos, años que hemos vivido en Catalunya, entre la suspensión de un gobierno democrático electo y los porrazos, la represión por parte de los aparatos del Estado español ha sido incesante. Casi tres mil represaliados. Persecución política del hacia el movimiento, amenazas y agresiones. Miles de manifestantes heridos por defender la libertad de los presos, y no presos, independentistas (y también no independentistas pero solidarios con la causa) en distintas protestas. Juicios y condenas hacia colectivos o personas que, si más de uno leyera las actas o denuncias, se pondría las manos en la cabeza de las graves acusaciones que se hacen por el simple hecho de manifestarse. Las declaraciones hechas por la fiscalía, el papel de vox como acusación popular, la complicidad de ciertos estratos de la misma Generalitat para apaciguar el movimiento que pasaba por encima de hasta la propia institución o los organismos policiales de los Mossos d’Esquadra, no han hecho más evidenciar la anomalía que vivimos en Catalunya. Y todo por querer defender una opción política como la independencia. Que no tenga algo que ver aquí la Santa Unidad de la Patria y el régimen del 78.

Pero las mejoras sociales que podrían emerger en el caso que Catalunya se independizara siguen en pie. La voluntad de la ciudadanía sigue intacta, aunque talvez aturdida por un condicionante: la política parece muerta; por consecuencia: habrá que volver a ponerla en el centro de la nuestras vidas. Pero no sólo los culpables están fuera de nuestro país.

En el mapa de partidos, tanto los postconvergentes de “Junts” como los optimistas, y crédulos de las patrañas “socialistas” (mesa de diálogo) d’”ERC”, han colaborado para que toda la fuerza social que implosionó el 1 de octubre de 2017, y que se manifestó masivamente de una forma nunca vista en toda la Europa del siglo XXI con el 3 de octubre, se abandonara en pro de una palabrería, un discurso mágico y una tergiversación total del potencial emancipador que traía consigo lo que para muchos sigue vivo, y es, la convicción de que esta revuelta democrática, histórica y social, nunca desaparecerá ya en Catalunya, por mucho que insistan los partidos constitucionalistas en pasar de página.

El conflicto catalán es un conflicto en el que una de las partes es superior en muchísimos aspectos, desde el militar hasta el mediático. Los que intentan vender la idea de que Catalunya quiere independizarse por motivos que se podrían categorizar como infantiles, no tienen ni idea de la ambición democrática que existe en Catalunya; cuando se gritaba “No a la Guerra”, cuando se votaba en contra de la OTAN, cuando se pone de claro manifiesto que un 80% de la sociedad catalana no quiere una monarquía y que quiere decidir cuál es su encaje dentro, o no, del Estado español; cuando Catalunya grita en contra de la distribución centralizada de los recursos del rescate europeo porque sabe perfectamente que esos recursos van a ser distribuidos por las grandes empresas del IBEX-35 y que éstas sólo están, y estarán, al servicio del capitalismo especulador que domina los recursos más básicos de la vida. Desde los grandes periódicos españoles del grupo Prisa o de Mediaset, el conjunto de empresas que no tienen miedo a hacer prevaler su sistema económico aunque sea a costa de la vida de la gente; estas empresas que serán las mismas que se van a repartir, mediante grupos asesores afines a ellas, los recursos que tendrían que ir a salvar vidas… Esto en Catalunya, como en la mayoría de países que no están intoxicados por su propia decadencia, lo conocemos y lo queremos desterrar; se actúa políticamente contra ello. Visto lo visto, la mejor opción para defender los intereses de todos los catalanes, incluso los que aún votan a fuerzas españolistas, es la de construir una nueva sociedad, con los inmanentes lazos internacionales hacia la clase trabajadora sea donde sea.

La independencia de Catalunya es más que un camino de autodeterminación, es también un movimiento necesario a nivel global con el que todos los pueblos sientan que hay formas efectivas de ser libres, de decidir qué ser y como ser en este mundo. La mayoría de catalanes estamos hartos de los incumplimientos de los nuestros y de las amenazas de los de fuera, por eso volveremos tantas veces como sea posible a la carga contra todo aquello que es antidemocrático, oscuro, fascista o reaccionario. Nuestra mejor arma es votar, votar y votar. Votar para poder votar como queremos que sean nuestras vidas, para que nuestros fundamentos más básicos no dependan de bancos, de empresas privadas o de monopolios del poder que sólo persiguen las lógicas de acumulación del capital, destruyendo nuestro planeta y condenando a millones de personas a vidas más que grises; dejando a los ciudadanos en una vida que no tiene más sentido que el de trabajar y trabajar (en el sentido más precario del término) para luego querer suicidarse al abrir los ojos y tener que volver a cerrarlos al ver tanta miseria encima; con tan pocas perspectivas de futuro, sobre todo por los jóvenes que, por añadir algo más en esta ya inacabable lista, no vemos más futuro que nuestra propia inexistencia.

Este 14F hay que votar por nuestras vidas, por la construcción de una sociedad más y más justa que tenga la capacidad de resolver aquello que queremos ser individualmente; para que podamos hacer colectivamente todas las transformaciones que, sin perversiones judiciales, se elijan. Votar porque es lo que mejor sabemos hacer los que amamos nuestra querida tierra, nuestra gente, que al fin y al cabo es lo que nos queda: lo que intentaran pero nunca podrán arrebatarnos.

 

Gerard Pujadas i Serra

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