El medio de comunicación especializado en las noticias de España

LA PELIGROSA IRRELEVANCIA DIPLOMÁTICA DE ESPAÑA CON EL TÍO SAM

Henry Kissinger, ex Secretario de Estado de los Estados Unidos, solía apuntar que, en lo que respecta a las relaciones internacionales, los Estados Unidos no tienen amigos ni enemigos, solamente intereses.

A pesar de la cruda realidad, en política, nuestros dirigentes recurren a menudo a argucias y a otras tretas con la intención de adulterar la verdad. Se intenta de manera interesada, por parte de toda la clase política, hacer creer que existen dos grandes bandos diferenciados, indivisibles e inquebrantables.

Uno, consagrado a defender los ideales de la democracia liberal y del estado de derecho, y otro señalado como la antítesis de éste, y viceversa. Pero como ya hemos dicho, la realidad geopolítica internacional es algo más compleja de lo que se suele vender. He aquí el quid de la cuestión, lo que nos interesa desgranar en éste artículo, en concreto, la posición actual de España para con el Tío Sam.

Es sabida, a estas alturas, la noticia que ocupó las portadas de los periódicos hace unos días, en la que se mostraba una escena propia del Universo Berlanga y en cuyos titulares, con sarcástica agudeza y sibilina delicadeza se aludía con un: “Bienvenido Mister Biden”. Este, un tanto, bochornoso episodio que duró 29 segundos, y sobre el que no entraré en detalle, denota, por parte del Gobierno de España, sobre todo, debilidad. A ojos incluso de nuestro(s) aliado(s), ese incidente revela graves flaquezas diplomáticas e institucionales que siempre traen consigo consecuencias indeseadas, afectando inevitablemente a nuestros intereses en el extranjero. No se trata de una opinión personal.

Según fuentes diplomáticas consultadas por el diario El Confidencial, se indica que dicha actuación “nos pone en una situación que francamente da vergüenza”. Critican dichas fuentes la debilidad reflejada al tener que arrastrarse por una fotografía en una breve caminata en el backstage de una cumbre internacional subrayando, además, el carácter esencial de la apariencia y de los gestos en este tipo de encuentros, ya que revelan, en última instancia, la naturaleza del personaje protagonista.

Llegados a este punto, cabe recordar las diferentes “etapas” que atravesaron las relaciones de España con Estados Unidos en los últimos años.

Con Felipe Gonzalez, la desconfianza se palpó desde el primer momento y el acercamiento no es que fuera el más estrecho que hubiera sido deseado. Con Aznar, y su giro atlantista, las relaciones entre ambos países se intensificaron de sobremanera con la Administración Bush (hijo) hasta el punto de que España pasó a ser aliado troncal de apoyo en el conflicto bélico contra Irak. Más tarde con el Gobierno de Zapatero se produjo un giro y las relaciones diplomáticas volvieron a tornarse frías, distantes y entraron en una fase complicada durante todo su mandato hasta la llegada de Barack Obama a la presidencia de los Estados Unidos en el año 2009. Por último, con Mariano Rajoy, todo fue mera cordialidad.

Ahora, la situación es más que preocupante, puesto que refleja la actual irrelevancia de España en la escena geopolítica, tratado como un país secundario en los asuntos de gran importancia internacional. ¿Por qué uno de los presidentes más comprometidos con la OTAN y con el multilateralismo, deja de lado a otro de los países más comprometidos con la Alianza como es España?

Al contrario de lo que podamos llegar a pensar, gran parte de la atención de la diplomacia americana se encuentra depositada en países más bien díscolos, cuya política interna a veces duda de buena reputación. Los intereses estratégicos de una nación como la estadounidense se ven encauzados, en ocasiones, a la asociación y colaboración con países como Turquía, Tailandia, Camboya, Nigeria, Liberia o Marruecos. Para contrarrestar la importancia española con la de los países mencionados, podemos comprobar en la agenda de viajes de la antigua Secretaria de Estado, Hillary Clinton, que pasó menos de 24 horas en España, mientras que en países como Turquía o Marruecos llegó a pasar entre dos y tres días. ¿Por qué ocurre esto?

Las prioridades de la Casa Blanca están condicionadas por los intereses de éstos países. Sin ir más lejos, Marruecos, gran socio comercial y militar de EEUU, cuenta con hasta once grupos de presión (lobbies) en Washington, orientados a velar y promover los intereses de la Casa Real marroquí (seis contratos millonarios con agencias del país, intereses en los recursos del Sáhara Occidental etc.). España, en cambio, no tiene nada parecido.

Los intereses (y desafíos) españoles y su subestimada relevancia geoestratégica, son difíciles de abreviar en su conjunto en éste escrito, aunque podemos enumerarlos brevemente: a) El aseguramiento del suministro de gas natural proveniente del norte de África, Sudamérica, y de EEUU, como herramienta estratégica para equilibrar la balanza de la dependencia europea del gas natural ruso; b) La colaboración en materia de seguridad, inteligencia y defensa (implicación de la fuerza aérea española en la misión de la OTAN como policía aérea en los países bálticos, o la importante lucha contra el terrorismo islámico etc.); c) La cuestión del Sáhara Occidental, Marruecos y las sucesivas crisis migratorias alentadas por éste último, entre otros.

En definitiva, España debe tener muy presente, como decía Kissinger, y como siempre ha hecho Estados Unidos, que todas las naciones atenderán y defenderán sus propios intereses, por encima de todo. Las amistades y el paripé ante la cámara no sirven para nada, si después, no hay absolutamente nada detrás de ella.

Javi Torrecillas

Partager cet article

Share on facebook
Share on google
Share on twitter
Share on linkedin
Share on pinterest
Share on email