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LA DIFÍCIL RELACIÓN ENTRE INDEPENDENTISMO CATALÁN Y EUROPA

Las relaciones entre Europa y el independentismo catalán son, cuando menos, complejas. A los ojos de Barcelona, Europa es una solución; a los ojos de Bruselas, una Cataluña independiente es un problema potencial. Y si la situación es hoy menos compleja que tras el 1 de octubre de 2017, la vuelta al poder de los duros independentistas (Junts y CUP), unida al 50,8% de votos a favor de los partidos independentistas, podría volver a poner a Cataluña en el juego europeo.

El independentismo catalán ha encontrado en el proyecto europeo una forma de alternativa a la España plurinacional de la que el catalanismo quería formar parte hace unas décadas.  Y encuentra dos cualidades en él. En primer lugar, permitiría que una Cataluña independiente siguiera formando parte de un conjunto político y económico mayor, con sus fronteras abiertas y su moneda única; además, Bruselas es vista como una potencia en la que Barcelona puede apoyarse para evitar a Madrid.

Además, Barcelona no escatima en medios para estar presente en Bruselas. La representación de la Generalitat está literalmente frente al Berlaymont, el edificio principal de la Comisión. Y periódicamente se pide que se conceda al catalán el estatus de lengua oficial de la UE. En vano. Porque este amor por la independencia catalana de la UE es un camino de ida. La presencia del exiliado Carles Puigdemont en Bruselas no se debe, además, a las instituciones europeas, sino a la presencia, en ese momento, de un partido nacionalista flamenco en el gobierno belga. Y si bien el Parlamento Europeo no levantó la inmunidad parlamentaria del ex presidente de la Generalitat, que pasó a ser eurodiputado, no se puede decir lo mismo de Oriol Junqueras, que estaba en prisión en el momento de su elección y al que se le retiró la condición de eurodiputado (y por tanto la inmunidad) tras su condena en España.

En general, las instituciones europeas no son muy partidarias de una balcanización del continente. Perciben que el proyecto europeo pretende zanjar las cuestiones fronterizas haciéndolas superfluas, y temen que los conflictos fronterizos reaparezcan en Europa Central y Oriental. Por lo tanto, a los ojos de Bruselas, el proyecto de los independentistas catalanes no sólo es anacrónico, sino también peligroso, ya que corre el riesgo de crear un precedente peligroso y reavivar los conflictos. Jean-Claude Juncker se opuso así a la independencia de la Comunidad Autónoma: “No quiero una Unión Europea que incluya 98 estados en 15 años. Ya es relativamente difícil con 28, no más fácil con 27, pero con 98 me parece imposible”. Y reafirma la posición de la Unión sobre la secesión de parte de uno de sus estados miembros, desarrollada en el referéndum de Escocia cuatro años antes: si Cataluña se separa de España y se reconoce su independencia, tendrá que solicitar su ingreso en la Unión.

Y los propios vecinos de España son reacios a acoger la independencia de una de sus regiones. Así, Francia, Italia y Reino Unido han manifestado su apoyo a Madrid en 2017. No hace falta decir, por tanto, que en caso de una declaración unilateral de independencia en Barcelona, pocos estados europeos (si es que alguno) reconocerían la soberanía de Cataluña. Y es aún menos probable que todos los Estados miembros acepten su entrada en la Unión Europea sin reticencias, conscientes del mensaje que enviarían a los demás movimientos independentistas del continente.

 

¿Pero qué pasa con el aspecto “Europa” de la campaña del 14 de febrero? ¿Qué lugar le dieron Junts, ERC y la CUP a Europa en sus respectivos programas electorales?

En primer lugar, hay que señalar que los temas europeos apenas se trataron durante los debates electorales, lo cual era bastante previsible ya que el Estatuto de Cataluña monopolizó el debate, pero también porque no hubo grandes diferencias entre los principales partidos en este tema. No obstante, veamos el posicionamiento de los tres principales partidos independentistas: ERC (Esquerra Republicana de Catalunya), Junts (Juntos) y la CUP (Candidatura de Unión Popular).

En primer lugar, en el caso de Junts, nos encontramos con el programa más detallado y largo de todas las aplicaciones, incluidas las no independientes. El partido de Carles Puigdemont quiere una mayor participación e influencia de Cataluña en las instancias europeas, no sólo desde su representación permanente en Bruselas, sino también desde el Diplocat, la muy controvertida herramienta paradiplomática catalana (que el Gobierno español califica de “instrumento de propaganda independentista”). También expresa la voluntad de asociarse a la vida política europea, como la Conferencia sobre el Futuro de Europa.  También se hace hincapié en la cooperación transfronteriza e interregional, con preferencia por la región mediterránea y las “naciones sin Estado” como Escocia, Gales o Flandes, pero también en el fortalecimiento del Comité de las Regiones. Además, la lista liderada por Laura Borràs es partidaria de una Europa federal y defiende la concesión de la iniciativa legislativa por parte del Parlamento Europeo o el paso de la unanimidad a la mayoría cualificada para la toma de decisiones de determinadas políticas europeas. En cuanto al conflicto político con España y el derecho de autodeterminación, Junts también es bastante ambicioso en sus propuestas. El partido desea que se incluya un artículo en los tratados europeos sobre los pasos a seguir para la creación de nuevos estados en la UE, tomando como modelo la Ley de Claridad del Referéndum de Canadá. Por otro lado, desea dar a las iniciativas y dictámenes del Comité de las Regiones un carácter más vinculante para fomentar la descentralización de la UE.

El programa europeo del ERC es más sucinto. El partido de Oriol Junqueras reafirma su voluntad de mantener la “futura República Catalana” dentro de la Unión Europea y de participar en ella en el marco de la federalización. Además del aumento del poder del Parlamento Europeo y de las competencias sociales y fiscales transnacionales, ERC quiere que el catalán y el occitano (oficial en el Valle de Arán) obtengan el estatus de lenguas oficiales de la Unión. Sin embargo, al igual que el programa de Junts, el de Pere Aragonés no hace mención a un punto clave en caso de independencia de Cataluña: el proceso para asegurar el mantenimiento de una Cataluña independiente dentro de la UE.

Por último, la CUP se declara contraria a la UE, al euro y a la OTAN y nunca se ha presentado a unas elecciones europeas. La lista liderada por Dolors Sabater defiende una cooperación internacional alternativa, basada en la “solidaridad y la fraternidad”, que considera imposible en el actual marco europeo de militarización y políticas capitalistas de libre comercio. La CUP no quiere que Cataluña siga dentro de la UE en caso de independencia, y defiende la creación de los Países Catalanes para 2030.

 

Amaury Génin et Louis Malthet

Colaboración Perspective Europe y Correspondencia

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