El medio de comunicación especializado en las noticias de España

GIBRALTAR TRAS EL BREXIT: ¿DONDE QUEDA LA INTERMINABLE DISPUTA HISPANO-BRITANICA?

Gibraltar era la última piedra en los zapatos de los británicos y los españoles, después de que el acuerdo para la relación post-Brexit fuera anunciado el 24 de diciembre por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, y el primer ministro británico, Boris Johnson. In extremis, el 31 de diciembre le tocó a la ministra de Asuntos Exteriores española, Arancha González Laya, presentar las líneas de un acuerdo que pretendía ante todo evitar que los gibraltareños se convirtieran en los únicas víctimas de las consecuencias de un “Brexit duro” en la frontera con la UE. Paradójicamente, como resultado de las negociaciones post-Brexit, Gibraltar estará más integrado en la Unión que cuando el Reino Unido era un Estado miembro. Sin el acuerdo se habría levantado una frontera con España en este enclave británico, cuando el flujo diario de mercancías y trabajadores españoles de las zonas circundantes sigue siendo muy importante. Desde el 1 de enero, y por un período de prueba de cuatro años, Gibraltar se ha convertido por primera vez en miembro de la unión aduanera y del espacio Schengen, que pondrá fin a la “Verja” (término utilizado por el Gobierno español para referirse a la valla que separa al país de Gibraltar) pasados los seis meses fijados para la ratificación del acuerdo.  Con el fin de garantizar la aplicación de Schengen, la agencia de control de las fronteras exteriores de la UE, Frontex, se desplegará en el aeropuerto y el puerto de Gibraltar, aunque el Ministerio de Asuntos Exteriores español afirma que será el último responsable de este control, cuyas modalidades serán detalladas en breve por la ministra en el Congreso de los Diputados.

 

Una interminable disputa

Sin embargo, hay que tener presente que el conflicto con Gibraltar se remonta a mucho antes de 2016 y, por lo tanto, en las negociaciones no sólo estaba en juego la pertenencia a la Unión. El Brexit no hizo más que reavivar las tensiones entre España y el Reino Unido sobre la soberanía del Peñón de Gibraltar que se remontan a la Guerra de Sucesión Española, que comenzó en 1701 y terminó en 1713 con la firma del Tratado de Utrecht. A partir de esa fecha, Gibraltar se convirtió en un territorio perteneciente a la Corona Británica después de que, durante la guerra, el ejército inglés ocupara el Estrecho en 1704. Desde la segunda mitad del siglo XX, el estatuto especial de Gibraltar se ha construido sobre la base de una mayor autonomía política, con la aprobación de una Constitución que establece un Gobernador nombrado por la Corona Británica (actualmente David Steel) y su propio Parlamento, que elige un Ministro Principal (Fabián Picardo desde 2011). Este último se encarga de los asuntos internos del Peñón, quedando la política exterior y de seguridad en manos del Secretario de Relaciones Exteriores británico, encargado de las últimas negociaciones sobre Gibraltar.

Foto: La ministra de Asuntos Exteriores, UE y Cooperación del Gobierno de España, Arancha González Laya, explica el acuerdo alcanzado sobre Gibraltar con el Gobierno británico en una rueda de prensa el 31 de diciembre de 2020 en el Palacio de la Moncloa. Fuente: agencia EFE

 

No obstante, España no ha renunciado a mantener y aumentar su influencia en el Peñón, al que aún hoy considera una “colonia” británica. Desde entonces, a lo largo de los tres últimos siglos, España ha tratado de recuperar Gibraltar tanto militar como diplomáticamente, con el objetivo de redefinir los contornos de la soberanía sobre esta zona estratégica, que el Reino Unido denomina Territorio de Ultramar desde 2002. El nacionalismo exacerbado bajo la dictadura de Franco había llevado al empeoramiento de las relaciones con el “Peñón” y al cierre de la frontera a partir de 1969, después de que Gibraltar adoptara una Constitución promovida por el Gobierno británico y tras la celebración de un referéndum sobre el territorio cuyo resultado fue apabullantemente favorable a la permanencia en el Reino Unido. Con el restablecimiento de la democracia en España desde 1975, no fue hasta 1982 que se cerró la frontera con Gibraltar y se normalizaron las relaciones, aunque los españoles “no renunciaron a nada”, fórmula que volvió a utilizar la actual ministra de Asuntos Exteriores, González Laya, en relación con el acuerdo alcanzado el pasado 31 de diciembre. Sin embargo, la cosoberanía hispano-británica, el escenario ideal para los sucesivos gobiernos de centro-derecha (PP, Partido Popular) y centro-izquierda (PSOE, Partido Socialista Obrero Español), no estaba en la agenda de las negociaciones del Brexit. Además, en 2002 se celebró un nuevo referéndum en Gibraltar y el 99% de los habitantes se negó a compartir la soberanía con España. Sin embargo, cuatro años más tarde, un porcentaje similar de gibraltareños votó a favor de permanecer en la UE en el referéndum sobre el Brexit.

 

En efecto, es esencialmente por su geografía que Gibraltar es tan codiciado por ambos lados, ya que está situado al final de la frontera entre Europa y África y es un punto de paso para los ingleses entre el Océano Atlántico y el Mar Mediterráneo. Hoy en día, este istmo de unos 6 km2 se beneficia de una economía robusta gracias a su sector financiero, los juegos de apuestas en línea y el turismo. La economía del Peñón contrasta con la del Campo de Gibraltar (la región circundante de ciudades españolas como La Línea de la Concepción), con un alto índice de pobreza y una fuerte dependencia del Peñón en términos de empleo. Pero la expansión económica de Gibraltar también se debe en gran medida a su régimen fiscal independiente, que es muy ventajoso para las empresas y los gibraltareños (que apenas tienen que pagar los impuestos de sociedades o de capital o el IVA). Por este motivo, en marzo de 2019, España y el Reino Unido firmaron su primer acuerdo internacional relativo a Gibraltar desde 1713, con el fin de avanzar en la lucha contra la evasión fiscal, lo que ha supuesto, entre otras cosas, el intercambio de información fiscal y la aclaración de los criterios de residencia fiscal de las entidades gibraltareñas con participación mayoritaria en sus ingresos en España. Sin embargo, España sigue manteniendo al Peñón en su lista de paraísos fiscales, algo que la UE y la OCDE no hacen desde hace casi una década, después de que Gibraltar transpusiera las directivas y siguiera las recomendaciones de transparencia fiscal de estos organismos internacionales.

 

“Wait and see”

Ahora solo queda esperar y ver qué eficacia tendrán los acuerdos post-Brexit, así como la reconversión de las relaciones del Reino Unido con la UE y más particularmente con España con respecto al Peñón. Todas las partes se mostraron satisfechas con el acuerdo final, aunque tanto Boris Johnson como Pedro Sánchez se mostraron muy interesados en recordar que no habían transgredido en lo fundamental de sus respectivos intereses, dejando así la puerta abierta para futuras conversaciones sobre la cuestión de la soberanía del Peñón de Gibraltar. Prueba de ello, durante su conferencia de prensa para anunciar el acuerdo, la ministra González Laya habló de la oportunidad de construir un “área de prosperidad compartida”, lo cual es por supuesto un mensaje positivo para el futuro de las relaciones hispano-británicas, pero muy probablemente también, a la vista del adjetivo que empleó, un recordatorio amistoso de la posición histórica de España sobre el istmo donde resisten los últimos simios de Europa…

 

Louis Malthet

 

Partager cet article

Share on facebook
Share on google
Share on twitter
Share on linkedin
Share on pinterest
Share on email