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EL PROBLEMA DE “LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN”

Lo sé, este titular puede llevar a malentendidos. Pero resulta necesario afrontar este tema así, tal y como están las cosas. Lo sucedido en las últimas semanas no hacen sino confirmar el grave problema que hay en la sociedad española, y del cual las redes sociales tienen gran culpa.

En apenas unos días, hemos visto desde homenajes neonazis a la División Azul plagados de discursos antisemitas hasta protestas multitudinarias en contra de la detención del rapero Pablo Hasel, pese a que en su historial figuran delitos de enaltecimiento al terrorismo, entre otros.

Estas dos situaciones tienen un denominador común: los adeptos de cada movimiento, cuando había que defenderlo, se mostraban como partidarios de la libertad de expresión, mientras que aquellos que se situaban en contra recibían el cartel de defensores de la censura, con la connotación negativa que tiene a día de hoy en la sociedad.

Ante todo, ¿qué es la libertad de expresión? ¿En qué consiste eso que atrae tanta polémica constantemente? La libertad de expresión es un derecho que permite a las personas expresar sus opiniones y creencias sin ser censuradas o despreciadas por ello. Sin embargo, es un derecho que, en ocasiones, se malinterpreta.

Quizá lo más preocupante es que se etiquete con el nombre “libertad de expresión” todo, incluso lo que traspasa sus límites. Nos hemos acostumbrado a que, por culpa de la polarización política en la que vivimos de manera permanente, se pueda faltar al respeto sin importar si afectan a otros o no. Ahora,

con las redes sociales en auge, esto únicamente se ha intensificado, llegando a denigrar e insultar a otra persona por su forma de pensar.

Términos como “progre”, “perroflauta”, “feminazi”, “facha” o “franquista” abundan en Internet hoy en día. Este es otro de los problemas de las redes sociales actualmente: todo se ha acelerado, sentimos la necesidad de reaccionar de manera desmedida y precipitada ante cualquier cosa. La solución fácil actualmente es encasillar a una persona en un determinado grupo, sin darle la oportunidad de expresarse y de darse a conocer.

Las redes sociales son un terreno puramente pasional, en el cual es tremendamente fácil dejarse llevar por el odio y el rechazo. Más asequible es aún si existe la posibilidad de ocultar la identidad gracias al anonimato, pudiendo verter toda la inquina sin miedo a tener que enfrentarse cara a cara contra los demás.

La tolerancia, la empatía y la solidaridad son los pilares básicos de un Estado de Derecho verdaderamente democrático. La única manera de acabar con el odio y la crispación es aceptar las diferencias que nos convierten a cada uno en seres únicos e insustituibles. Únicamente de esta manera se podrá optar a solucionar el problema social que ahora mismo nos afecta a todos.

La libertad de expresión, algo tan básico en una democracia plena (art. 20 CE) como sano, se ha visto mancillada y reemplazada por algo mucho más siniestro que únicamente amenaza la paz y la convivencia. El riesgo de esta pseudolibertad es muy alto, y corresponde a todos actuar con sensatez y responsabilidad. Sí a la libertad de expresión, no a la “libertad del insulto”. No todo vale.

 

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