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MADRID, LA ETERNA BATALLA

Madrid se encuentra, desde hace un tiempo, en el punto de mira de las portadas de todos los periódicos de tirada nacional, y no es para menos. La situación puede suponer un punto de inflexión que marque el comienzo de una nueva etapa política. Una vez más, la ciudad que ostenta la capitalidad puede ejercer sobre el resto de comunidades una influencia significativa a partir de la cita plebiscitaria del próximo 4 de mayo. Tras más de un año de tensiones de todo tipo, provocado por la crisis sanitaria, el ambiente asambleario de Madrid se resquebrajó de sopetón a raíz del efecto mariposa que se originó en Murcia, redibujando el mapa político a gran velocidad, y acaeciendo en una convocatoria de elecciones marcadas hasta el momento por la incertidumbre, y la crispación ciudadana.

Dado el pistoletazo de salida, la noticia que no dejo indiferente a nadie fue la salida del ahora ex Vicepresidente segundo del Gobierno. Una noticia que, para muchos, significó que a partir de ese momento la carrera por la presidencia se disputaría a cara de perro. Impulsado por la celeridad de las circunstancias, lo que nadie se esperaba era que Pablo Iglesias se bajará del carro del Ejecutivo para embarcarse en una aventura electoral de final incierto. La mano de cartas con la que comenzó su partida parecía prometedora. El “efecto Iglesias”, ya todo un fenómeno de estudio entre los aficionados a la política, radica en presuponer que la candidatura del vicepresidente traería consigo el impulso necesario que la izquierda necesita para gobernar en la capital.

Ahora, paradójicamente, podría resultar que esta maniobra termine por movilizar a un potencial electorado popular, alejando a Vox de la Puerta del Sol y, gracias a eso, Ayuso lograse aglutinar la mayoría absoluta. Aunque, por ahora, todo está por ver. Lo que sí que parece cada vez más claro, y teniendo en cuenta los últimos pronósticos de Tezanos, es que Iglesias pueda empezar a añorar la comodidad que le ofrecía la oposición, desde la cual se sentía más provechoso y hábil para movilizar a su electorado tradicional. Es posible que el conocido como Alexis Tsipras español se haya cansado, incluso aburrido, de la verdadera política, aquella en la que predomina el pesado lenguaje administrativo, pesadas comisiones, y desde la que según el propio Iglesias señala una falta de poder real. No todo son mítines incendiarios en la tribuna del hemiciclo.

Después de siete años en escena, ¿puede éste momento suponer el fin de la nueva política impulsada por Pablo Iglesias?

En el CIS y sus encuestas (siempre con pinzas) podemos observar una polaridad no vista desde tiempos de Aguirre. El organismo ya vaticinaba una consolidación de la mayoría a menos de una semana a favor del PP, quienes cuentan con la fidelidad de voto más fuerte de todos los partidos. Ciudadanos, según la encuesta, no alcanzaría ni el mínimo necesario (5%) para sentarse en la Asamblea de Madrid, un dato que refleja su delicada situación, y que en opinión de algunos de sus propios fundadores, asistimos a la desintegración de un partido, que ya cuenta con más de un tránsfuga desde el incidente murciano. La inesperada alternativa de la izquierda capitaneada por Mónica García está consiguiendo desangrar al PSOE, arrebatándole aproximadamente 85 000 votos. Por otro, la semejanza entre Unidas Podemos y Vox durante la primera parte de la campaña, se observa en el descenso de intención de voto sufrido, a ojos del organismo, por la sobredosis de polarización que se ha intentado inocular a la ciudadanía. Y por último, el propio CIS lanza las primeras advertencias, que auguran que la Comunidad de Madrid será la tumba política de Pedro Sanchez. ¿Podría ser éste el primer reflejo real de desgaste del Gobierno?

 

Aunque, si debemos responder una pregunta tendría que ser la siguiente: ¿es acaso asumible que la campaña haya quedado zarandeada y monopolizada por la crispación?

El dialogo y el debate han quedado reemplazados por la bronca tabernera. Incluso en las sesiones de control, cuando nuestros representantes deberían mostrar seriedad y prudencia, ejemplarizan con la actitud opuesta a la esperada. Las ideologías han terminado por desolar al discurso, transformándolo desafiante y peligroso. Lo obsceno reina sobre las instituciones, hasta conseguir que el BOE se asemeje al Pravda sovietico. Las amenazas se banalizan, y no se trata a la violencia por lo que es, violencia. Durante los debates, fuimos partícipes de exhibiciones en el que los datos se usaban como armas arrojadizas, cuya veracidad, a veces, era más que discutida. Y todo esto, aupado sobre las víctimas de la pandemia, por las que todos estaban de acuerdo en no emplear como réplica, pero que sin embargo, terminaron por hacer justo lo contrario. Poco elegante, el político.

Tanto madrileños como de fuera, pueden dar fe de la cansina situación política por la que atraviesan.

¡Quia!

 

Javier Torrecillas Vidal

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