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CLARA CAMPOAMOR, ACTIVISTA FEMINISTA Y PRIMERA DIPUTADA ESPAÑOLA… ELEGIDA CUANDO ELLA MISMA NO PODÍA VOTAR

La trayectoria de lucha(s) de Clara Campoamor la llevó a la abogacía, luego a la Asamblea y a la obtención del derecho al voto femenino. Olvidada a menudo, Campoamor puso en la agenda los temas de igualdad de género en la década de 1930.

Huérfana a los diez años, Clara Campoamor Rodríguez dejó sus estudios para trabajar: se hizo costurera, como su madre. Siguió estudiando cuando encontraba tiempo, convirtiéndose en telefonista en San Sebastián y luego en profesora de mecanografía en Madrid. Aprobó el bachillerato a los 32 años y cuatro años después se licenció en Derecho por la Universidad de Madrid. Así, antes de ser una de las primeras mujeres elegidas como diputadas en España, fue también una de las primeras abogadas del país.

Elegida a pesar de que las mujeres no podían votar

Paralelamente, Campoamor es secretaria de redacción del diario conservador La Tribune, actividad que la acerca a la arena política. En 1931, tras la proclamación de la Segunda República, fue elegida diputada en la Asamblea Constituyente… A pesar de que en aquel momento las mujeres no tenían derecho a voto. Trabajó para que la igualdad de género se consagrara en la Constitución. También hace campaña por el derecho al divorcio, los derechos de los niños y, en particular, la regulación de sus horarios de trabajo.

Es cercana al Partido Radical (un partido centrista que no sobrevivió al régimen de Franco), que era entonces la formación política más conforme a sus valores. En aquella época, la izquierda española – como la francesa, por otra parte- estaba de hecho mayoritariamente en contra del voto femenino.

 

Dos abogadas elegidas como diputadas y una polémica

En este último punto, Clara Campoamor se opone a Victoria Kent, diputada socialista elegida al mismo tiempo que ella, también abogada de profesión. El argumento esgrimido por los socialistas era que las mujeres votaban según lo que les sugerían los curas… Conservadores, pues. El debate fundacional sobre la cuestión, que tuvo lugar el 1 de octubre de 1931, fue ganado por Campoamor.

El derecho al voto de las mujeres se aprueba con 161 votos a favor, 121 en contra y 188 abstenciones. Eso significa que 6,5 millones de mujeres podrían votar en las elecciones de 1933. Lo que sigue irónicamente da razón a Victoria Kent: esta última no fue reelegida, al igual que Campoamor, a pesar de que los votantes y los nuevos electores dieron la mayoría a una asamblea conservadora.

La abogada abandonó su partido, con el que discrepaba habitualmente. Sus diputados no votaron a favor de su propuesta sobre el voto femenino, a diferencia de los conservadores. Su activismo fue una mancha en el pequeño mundo político de la época. En 1935, Campoamor publica Mi pecado mortal: el voto femenino y yo, un libro en el que relata sus luchas en el Parlamento y del desprecio de la clase política de la época por la condición femenina.

 

Una muerte en el exilio y un legado a veces olvidado

Al estallar la guerra civil en 1936, la exdiputada se exilió en Suiza. El régimen franquista la acusó de masonería y no le permitió volver después a menos que pidiera disculpas por sus posiciones, especialmente hacia la Iglesia católica. Vivió durante diez años en Argentina, donde trabajó como periodista, activista y escritora. En 1972, murió de cáncer en Lausana, sin poder regresar a España.

Sus luchas por los derechos de la mujer fueron fundadores  para la sociedad española, pero son discretas en la memoria española. Campoamor dio nombre a algunas calles y parques de España, y la ciudad de Madrid concede un premio con su nombre.

 

Augustin Pietron

Traducción: Anaïs Ponsin

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