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BYE BYE, “COLETAS”

El 7 de enero de 2020, Pablo Iglesias lloraba. Lloraba porque después de dos elecciones, meses de intensas negociaciones salpicadas de injurias e invectivas, por fin cumplía su objetivo: la entrada de la joven formación Unidas Podemos en el gobierno. Casi un año y medio después, tras el revés electoral de la izquierda en las elecciones madrileñas, anunció su retirada de la vida política. Est avez con la mirada profunda y sin lágrimas.

Hubieron algunos signos precursores de su salida. Unas ideas. Sus declaraciones sobre la necesidad de feminizar el partido y su deseo de que Yolanda Díaz, ministra de Unidas Podemos gobernase algún día España. Unas intuiciones. La sensación de haberse convertido en un freno al ascenso de su partido, con la constante pérdida de velocidad de su formación en las encuestas. Por fin, algo más concreto. Una ola de odio sin precedentes en torno a su figura, en una campaña sacudida por las amenazas de muerte y las movilizaciones en su contra, que le llevaron a la derrota electoral.

Sigue siendo difícil explicar tal decisión. Iglesias había conocido otras derrotas electorales. Muchas, de hecho. Militante desde una temprana edad en la Unión de Juventudes Comunista de España y en diversos movimientos altermundialistas, así como en Izquierda Unida, un partido anticapitalista que, hasta entonces, solo había tenido una exigua representación en el Parlamento español. Hay que decir que el antiguo líder de Unidas Podemos nació en una época en la que, en España, el radicalismo político era más un trauma que una fantasía.

Mejor que nadie, Iglesias había entendido que para «asaltar el cielo », como solía decir, la comunicación era un arma poderosa. Para que la extrema izquierda española se volviese de nuevo atractiva, Iglesias se armó desde muy joven. Entre su grado en derecho y su doctorado en ciencias políticas, obtuvo un Máster en comunicación. Pablo prepara el terreno a través del programa La Tuerka, del cual es presentador junto a su compañero de viaje y cofundador de Podemos, Juan Carlos Monedero. Se dio a conocer por sus ideas radicales y su implacable retórica. Paralelamente a su carrera de presentador – y de universitario -, estalla el movimiento de los indignados  en mayo de 2011. Tal oportunidad no volverá a presentarse. Tres años después, el «Si se puede» de los Indignados se convirtió en el eslogan de una nueva formación política, el mascarón de proa de la oposición a la austeridad de Bruselas: Podemos. ¿Quién sino Pablo Iglesias a su mando, un líder inusual, ultra carismático, con una cola de caballo y unas camisas mal planchadas? Así es como nació el populismo de izquierda contemporáneo en Europa.

En poco tiempo, el antiguo líder de Unidas Podemos se ha convertido en una de las principales figuras de la política española actual. El denominado Tsipras español, gran instigador del fin del bipartidismo entre los socialistas y los conservadores, se permitió el lujo de soñar con el  sorpasso del PSOE, una tarde de diciembre de 2015. Un sueño efímero, a medida que la nebulosa alrededor del nuevo partido se iba evaporando. E incluso cuando se creía que Podemos estaba al borde del abismo, Iglesias fue capaz de ponerse un traje más serio, abierto a las manos tendidas. Y así nació el primer gobierno de coalición de la monarquía constitucional en España.

En siete años, Pablo Iglesias ha cambiado el rumbo de la política española. Así que sí, es difícil entender que un revés electoral – aunque anunciado– haya precipitado la salida de Iglesias. Pero cabe decir que en siete años de política, el que fue apodado « El Coletas », en homenaje a su corte de pelo, ha acumulado enemigos. Según sus propias palabras, se habría convertido en « chivo expiatorio » de  gran parte de las formaciones de la derecha, que ven en él la encarnación hibrida de los lideres soviéticos y chavistas. El esperado « efecto Iglesias », que permitía  a la izquierda aspirar a gobernar la región de Madrid, tuvo el efecto contrario, permitiendo a la presidenta saliente movilizar históricamente a su electorado en su contra, bajo el lema « Comunismo o Libertad ». Contraproducente para la izquierda, perjudicial para su propia formación. A menudo criticado en el seno de Unidas Podemos por su duro liderazgo, « cuando uno deja de ser útil, tiene que saber retirarse », afirmó.

«Si vienes a por el rey, mejor no falles», declaraba Iglesias, un nostálgico de la Segunda República española, citando la famosa serie The Wire. Quiso echar al monarca, y el pueblo madrileño acabó echándole a él. Pablo nunca ha ocultado su gusto por las series políticas. ¿Su favorita? El Baron Noir, la historia de un ambicioso socialista que supo tomar su tiempo para alcanzar la presidencia de la República.

Mattias Corrasco

Traducción: Valentine Le Gall

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