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MOVILIZARSE SIN JUNTARSE : EL NUEVO DESAFÍO DEL 8-M EN ESPAÑA

 

El feminismo es unión; es contacto; es reivindicación colectiva. Está claro que este año todo esto será diferente. La situación de la Covid19 nos obliga a quedarnos en casa, pero no por ello la causa se esfuma. Este año, las portadas de los periódicos no tendrán fotos de multitudinarias manifestaciones con millones de mujeres saliendo a la calle en nuestro Día Internacional, proclamado en 1975 por la ONU. Pero, ¿acaso la lucha feminista ha terminado? En absoluto. La crisis de la pandemia hace más necesario que nunca seguir con ella, con la reivindicación de una conciliación real, bajo el lema “ante la emergencia social, feminismo esencial”. El silencio, que este año caracterizará las calles españolas este 8M, no significa que el movimiento feminista esté callado. Y mucho menos que no tenga nada que decir. Si consiguió resurgir tras el franquismo, estoy segura de que ahora también podrá encontrar nuevos mecanismos de reivindicación, respetando las medidas sanitarias.

 

El feminismo español “renació” en la Transición como una fuerza transformadora de la sociedad, construyendo desde cero un sentimiento colectivo para las mujeres. Hubo mujeres previas a la Transición que lucharon por la igualdad entre hombres y mujeres: Concepción Arenal y el derecho de acceso a la Universidad para las mujeres, Clara Campoamor y el derecho a voto femenino en 1931… Pero no fue hasta la llegada de la democracia del 77 cuando se organizaron como tal: un Movimiento feminista en toda su extensión. La creación de un “nosotras” que había sido borrado por el franquismo fue su mayor reto.  Consistía en adquirir derechos poco a poco: divorcio, despenalización del adulterio, legalización de los anticonceptivos, aborto….

 

La gran victoria del feminismo español ha sido su propagación en la sociedad, como lo demuestra que España es uno de los países con mayores tasas de percepción de igualdad entre hombres y mujeres (60% de los encuestados). Sin embargo, la percepción de desigualdad de género es aún mayor (73%), lo que significa que hay una sensibilización generalizada a la desigualdad de género, se consideren o no feministas las personas encuestadas. Unos datos que no dejan de ser paradójicos. Si un 60% piensa que la igualdad entre sexos es real, por qué un 73% percibe la desigualdad de género en la sociedad española en sus diferentes ámbitos. He aquí, un ejemplo de la ingente tarea a desarrollar por el feminismo: convertir la victoria de ese 60% de percepción de igualdad en una realidad constatable con datos y hechos para reducir ese 73% de sentimiento de desigualdad.

 

Todas estas circunstancias hacen que el feminismo español sea especial en el sentido de sinónimo de serio, radical y político. Como dijo Amelia Valcárcel “No es (el nuestro) un feminismo por lecturas, sino por vivencias. Primero vinieron la rabia y el coraje. Las lecturas vinieron después.” Este feminismo que ha ido calando en la sociedad, hasta llegar a las generaciones más jóvenes, que hemos cogido el relevo de las veteranas sumándonos a la causa. Esperemos poder estar a su altura, paso a paso.

 

Estoy entre quienes consideran que hemos entrado en la cuarta ola del feminismo[1]. Esta ola aparece gracias a las redes sociales y a las llamadas NTIC (Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación) y ha permitido crear nuevos vínculos entre mujeres, que en muchas ocasiones ni se conocen. Escándalos como el de la Manada o #MeToo han hecho que la movilización en la calle se convierta en una rutina para el feminismo. No solo el 8M, sino también el 25 de noviembre (día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer). Esta ruptura del silencio sobre la violencia de género y el surgimiento de nuevas teorías, como la “queer”, (con su defensa de los derechos del colectivo LGTBIQ+) son otras de las características de esta nueva página para el feminismo.

 

Pero, como bien sabe este movimiento, no estamos ante un camino de rosas. Cada ola trae una resaca patriarcal, que desacredita (mejor dicho, lo intenta) a las feministas, y pretende echar por la borda todos sus logros. Tachando al movimiento de anticuado, inútil, y radical, con el famoso adjetivo de “feminazi” y bajo el falso argumento de “Ni feminismo, ni machismo, igualdad”. Y lo peor, la mayor victoria del patriarcado es enemistarnos entre nosotras, haciéndonos creer que la desigualdad de género es el producto de alguna “ideología de género” que pretende instaurar una especie de matriarcado, regido por el odio al varón. Hay aún mucho por hacer. Valga solo un ejemplo: rebatir esa falsedad que asegura que el patriarcado es cosa del pasado. Hay que seguir transformando la teórica y sobre el papel igualdad legal, conseguida por las feministas de los 70 del siglo pasado, en igualdad real y efectiva.

 

Creo que muchas veces nos centramos en las diferencias entre nosotras y los detalles que nos separan sin darnos cuenta de que hay muchas más cosas que nos unen: eliminación de la violencia de género, el techo de cristal, la conciliación real, la pauperización de la mujer, la abolición de la trata…. Contrariamente a lo que se pueda pensar, las divisiones no son algo intrínsecamente malas, ni el síntoma de que el feminismo “no puede ponerse de acuerdo”. Al contrario, estas divergencias son la prueba de que el movimiento evoluciona y aprende del pasado, se adapta a la sociedad actual, cada vez más compleja. Siempre ha habido escisiones. Primero entre el feminismo de la diferencia y el de la igualdad. Luego, entre el institucional y el activista. Y hoy, entre el “tradicional” y el postmoderno, con la aparición de una multitud de nuevas teorías.

 

Tras cuatro años de manifestaciones multitudinarias, donde las calles de toda se España se tiñeron de morado para demostrar que todavía quedaba mucho camino por delante, este año el Covid19 nos lo impide. Habrá quienes (con permisos y todas las precauciones) se reúnan en la calle, o en las movilizaciones digitales, pero todas con el mismo mensaje: el 8M paramos. Y no, no se es menos feminista por quedarse en casa. Y no por ello dejamos de participar en la lucha, día a día, en el trabajo, en el hogar y en las redes sociales. Es verdad que este 8M no estaremos todas en la calle, desgraciadamente nunca lo estamos.

Celia Pastor

Traduction : Anaïs Ponsin & Mattias Corrasco

Foto © RTVE.es

[1] Feminismo 4.0 Nuria Varela -El movimiento feminista se divide en varias Olas: La primera a finales del siglo XVIII; la segunda, con el movimiento sufragista a principios del siglo XX; la tercera, en los 1960-1970, con la libertad sexual; y la cuarta, gracias a las redes sociales.

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