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14F: VICTORIA DEL PSC, MAYORÍA INDEPENDENTISTA

Empatando en número de escaños, con 33 cada uno, en primer lugar por porcentaje de voto se sitúa el PSC con Salvador Illa y el 23,04% de los votos (652.858 sufragios); y en segundo lugar ERC con Pere Aragonès y el 21,3% (603.607). Luego viene JxCat, partido de Puidgemont y Borrás, con 32 escaños y el 20,04% (568.002). Algo más alejados, vienen en cuarto lugar VOX, con Garriga, 11 escaños y 7,69% de votos (217.883); CUP, 9 escaños, 6,67% (189.087); En Comun Podem, 8 escaños, pero  6,87% (194.626); Ciudadanos, 6 escaños, 5,57%, (157.903); y finalmente el PP, 3 escaños, 3,85% (109.067). En total, 135 escaños, siendo la mayoría absoluta necesaria para formar gobierno autonómico en primera ronda de voto de la Cámara de 68 escaños. 2.867.401 votos totales sobre un censo de 5.369.002 votantes; o lo que es lo mismo, una participación del 53,56%, y casi la mitad de la población absteniéndose.

A la izquierda, el Parlament después de las elecciones de 2017; a la derecha, el Parlament después de las elecciones de 2021

 

Por comparar, el anterior Parlament contaba con 36 diputados de Ciudadanos (ha perdido 30), 34 de JxCat (ha perdido 2), 32 de ERC (ha ganado 1), 17 del PSC (ha ganado el doble), 8 de En Comú Podem (como ahora), 4 de la CUP (ha ganado 5), y 4 del PP (pierde 1), tras unas elecciones en 2017 donde la participación había sido del 79,09%. También comentar otro cambio llamativo, que es el de los votos nulos y los blancos: si en 2017 habían sido respectivamente 16.092 y 19.431, este año han aumentado al 40.826 y al 23.962, variación aparentemente significativa que tal vez indica, junto a la propia abstención, un mayor desinterés y descontento por el panorama político en general (aunque debido al facto pandemia, nunca podrá saberse con seguridad…)

Respecto a la territorialidad, o localización de los votos por provincias (para no detallarlo en exceso), en la de Barcelona, que con sus 3 millones de votantes aporta ella sola 85 escaños al Parlament, 23 de esos escaños corresponden al PSC, partido que más porcentaje de votos ha obtenido, un 25%. Luego le ha entregado 19 escaños a ERC, 16 a JxCat, 7 a VOX, 7 a En Comu Podem, 5 a la CUP, 5 a C’s, y los 3 al PP que tiene. En Girona, que aporta 17 escaños, gana JxCat con 7, seguido de ERC con 4, PSC con 3, CUP con 2 y VOX con 1. El resto de partidos no ganan escaños en esta provincia de aproximadamente 500.000 votantes. En Lleida los resultados son parecidos: apenas 300.000 votantes, 5 escaños para Junts, 5 para Esquerra, 3 para PSC, 1 para la CUP y 1 para VOX. En Tarragona, en cambio, con casi 600.000 votantes y 18 escaños, Esquerra consigue 5, PSC 4, Junts 4, VOX 2, y uno cada uno consiguen CUP, C’s y En Comú Podem. De todo esto se deduce que la fuente principal de escaños se extrae de la provincia más poblada, Barcelona, en la que sin embargo, y precisamente por ser la más poblada, obtener un solo escaño necesita de más votos en proporción. La explicación de este fenómeno se encuentra en las particularidades del sistema electoral catalán, que casualmente es idéntico al utilizado en el resto de España, en el que la combinación de la fórmula d’Hondt con la circunscripción provincial para el recuento de los votos beneficia a los partidos que concentran sus apoyos en las provincias. Lo cual, en el caso catalán, beneficia a los partidos independentistas.

Esta es una de las causas principales que explican que se mantenga la mayoría independentista. Es más, no solo se mantiene esta mayoría sino que aumenta en relación a 2017. Si antes la suma de partidos considerados independentistas, estos son, ERC, JxCat y CUP era de x, este año juntos ocupan 74 escaños, 6 más de los necesarios para tener la mayoría absoluta. Y en cuanto al voto en términos agregados a todos los partidos independentistas, incluyendo a aquellos no representados en el Parlament, se observa que el 50,9% de los votantes catalanes “apoya electoralmente” el independentismo a día de hoy, frente al 47,5% que lo hizo en 2017. Es pronto para adelantar explicaciones, pero tal vez se pueda suponer que la alta tasa de abstención haya jugado su papel en este aumento de 3 puntos porcentuales. Habría que imaginar que quien no fue a votar ese día era en su mayor parte población de riesgo, es decir, gente anciana. Sector poblacional que, socializado en la época de la Transición democrática, tenga menos fervor por el independentismo y los nuevos partidos que lo defienden (JxCat, por ejemplo, fue creado en 2015). Además, este año el voto no ha sido una forma de participación política tan sencilla como suele ser, puesto que los costes sentidos por la población para ir a votar han sido mayores. Esto índice sobre todo en esta población anciana y urbana, pero también en gente a cargo de personas dependientes como bebés, por ejemplo. Puede ser en gran parte la causa de que sea en las circunscripciones más pobladas donde la tasa de participación sea tan baja. Sin embargo nada se puede concluir aún, no por lo menos hasta tener datos precisos y encuestas sociológicas poselectorales.

Con las cifras que se manejan en la actualidad, en todo caso, ciertas características del voto que matizan esta mayoría independentista pueden ponerse sobre la mesa. Hablando en simples términos de eje independentista/no-independentista, parece existir una correlación con el eje urbano/rural. Dicho de otro modo, el tamaño del municipio, el número de habitantes del territorio, es un aspecto fundamental del voto. El bloque de partidos independentistas, como ya se ha comentado, recibe sus apoyos de las provincias menos pobladas, y por ende de los municipios menos poblados. Es sobre todo en los pueblos de menos de 10.000 habitantes donde las formaciones independentistas obtienen más del 50% de los votos; territorios, por otra parte, donde la participación fue en comparación mayor que la de las grandes ciudades, posiblemente porque en ellas hubiera mayor sensación de seguridad sanitaria a la hora de votar. En contra posición, en los municipios y metrópolis más poblados, que da la casualidad que son, en su mayor parte, los de la provincia de Barcelona, en estos las formaciones no-independentistas son las que obtienen la mayoría de votos**. Terrassa, Sabadell, Badalona, L’Hospitalet de Llobregat, la propia capital catalana, todas ellas circunscripciones con mayor número de habitantes que las capitales de provincia Girona y Lleida, en ellas el bloque no independentista se impone, por más o menos puntos porcentuales, pero supera el 50% de apoyos. Esta situación, en cualquier caso, es muy parecida a la de 2017. Los cambios entre bloques han sido escasos: en cerca del 80% de municipios que tuvieron mayoría independentista en las anteriores elecciones se mantienen en el independentismo. Los puntos porcentuales que han permitido a sus partidos superara la franja del 50% parecen explicarse por lo anteriormente aventurado, esto es, un ligero ascenso en algunas ciudades medianas y grandes.

Lo que está claro es que con casi la mitad de la Comunidad sin participar en estas elecciones, no se puede argumentar con tanto valor como se quisiera que más del 50% de los catalanes y catalanas quieran independizarse. Del mismo modo, se puede deducir que este año son los más politizados quienes que se han atrevido a participar, quienes más en serio creen en el conocido como “conflicto catalán”. Sector de la población de los votantes que tampoco es plenamente representativo del conjunto.

Louis Malthet

Perspective Europe en colaboración con Correspondencia

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